David Caspar Friedrich.
Pintor romántico alemán del siglo XIX - Caspar David Friedrich.
En la primera mitad del siglo XIX el Romanticismo propugnó la recuperación de valores negados por el racionalismo de
AUTORRETRATO.

Nació en 1774 en Greifswald (Pomerania), en una familia cuyo padre se dedicaba al comercio de jabón y velas, que poseía un gran sentimiento religioso, ya que su casa estaba impregnada de protestantismo, lo cual va a condicionar su pensamiento posterior. Fue el sexto de diez hijos y su niñez estuvo marcada por la muerte de tres de sus hermanas y de la madre, con lo que su padre determinará la niñez del pintor, siendo una persona excesivamente moralista, severa y rígida.
En su ciudad natal (en ese momento perteneciente a Suecia), había pocos estímulos intelectuales, pero los pocos que hay influyeron notablemente en él. Quistorp, profesor de dibujo, fue su primer maestro, y le enseñó los rudimentos del dibujo académico. El poeta Kosegarten, amigo de su maestro Quistorp va a ser una influencia destacada para Friedrich, ya que gracias a él conoce las ideas del Sturm Drang y del clasicismo, lo mismo que el romanticismo literario de poetas como Novalis, Tieck y Schlegel o Herder. Kosegarten organizaba una especie de “sermones” que despertaban gran expectación, en los que mezclaba la teología racionalista con un panteísmo irracional, uniendo unos rígidos principios teológicos con un sentimiento subjetivo de
Así poco a poco el pintor fue configurando su universo pictórico basado en el intento de crear una nueva forma de pintura religiosa con los medios del arte paisajístico, creyendo que la obra de arte es “la representación sin reglas de un mundo interior de imágenes” y que
Tras el aprendizaje con Quistorp, ingresa en
A partir de 1798 se traslada a vivir a Dresde, capital de Sajonia, en la que trabajaban importantes pintores como Graff y Grassi que también eran profesores de
Los títulos de sus pinturas describen el estilo poético romántico. Friedrich fue una pieza clave para entender el pensamiento romántico en el arte; entre sus obras se destacan las siguientes:

La cruz en la montaña (1808).
El cuadro “La cruz en la montaña” es de esta primera época (1808) y supone la corporeización por primera vez de la nueva concepción del pintor del paisaje religioso. De esta manera describe el propio Friedrich su obra en un artículo y explica además su significado “Descripción del cuadro: sobre la cima de una roca se levanta una cruz rodeada de abetos cuyos troncos aparecen cubiertos de hiedra. El sol desciende despidiendo rayos y en el crepúsculo púrpura destaca la cruz de Cristo. Descripción del marco: fue construido por el escultor Kühn y a los lados tiene dos columnas góticas de las que se elevan unas ramas de palmera formando una bóveda sobre el cuadro. En las palmas aparecen cinco cabezas de ángeles que miran, orando hacia la cruz. Sobre el ángel central, con el más puro brillo plateado, se encuentra la estrella vespertina. Debajo, el ojo de Dios, omnividente, encerrado en el triángulo divino y rodeado de rayos. Espigas de trigo y racimos de uva se inclinan por ambos lados hacia el ojo de Dios. Representando el cuerpo y la sangre de Quien pende de la cruz. Esta descripción y explicación tienen gran importancia para el arte de Friedrich, ya que raras veces habló el pintor tan concretamente sobre su propia obra. Llama la atención el misticismo cristiano-protestante que muestra el pintor, no pintando la teología protestante, sino una exposición subjetiva del mensaje que lleva en sí mismo, el subjetivismo religioso. De 1808 es también el cuadro “Niebla matutina en la montaña” que representa la cima de una montaña envuelta en la niebla de la que se traslucen algunos pinos y abetos de sus laderas. Sobre la cima de la roca desnuda y desierta se levanta una tenue y delgada cruz rodeada por nubes. El punto de vista del espectador es alto, como si fuese un pájaro que vuela hasta la cumbre. Todo ello hizo que la obra fuese criticada, ya que se pensaba que pintar una montaña fantasmal entre la niebla carecía de sentido. Para Friedrich, en cambio, la cruz de Cristo sobre la roca augura, en una tierra cubierta por la niebla, la luz de la salvación y los abetos que sobresalen simbolizan las almas creyentes que ya participan de la sabiduría salvadora.
Significado del cuadro: Jesucristo, clavado al madero, está vuelto hacia poniente, imagen del Padre Eterno que todo lo vivifica. Con las enseñanzas de Jesús murió un mundo viejo, aquel en que Dios Padre caminaba directamente sobre
Monje junto al mar (1808-1810).
En esta obra “Monje junto al mar” de 1808-1810, rompió todas las reglas que había hasta ese momento de cómo debía hacerse un paisaje. Se trata de una marina con un monje solitario, en que lo que destaca es la monotonía y la ilimitación del paisaje, con lo que Friedrich echa por los suelos la tradición pictórica. La estructura del cuadro carece de profundidad, la estrecha orilla de dunas es una franja blancuzca que se eleva hacia la izquierda en ángulo y que, desde la cima en que se encuentra el monje cae hacia la izquierda. La única línea vertical es la figura del monje y la horizontal del horizonte queda muy al fondo. En medio la estrecha franja oscura del agua que, no muestra nada del mar, ya que el cuadro consta en sus cinco sextas partes de cielo. Hasta la línea del horizonte, es fácil aún orientarse, todavía hay referencias coordenadas de tamaño, puesto que el monje sirve como unidad de medida, sin embargo el fondo del cuadro ya no puede medirse. El azul despierta también la impresión de profundidad que se repite y refuerza por encima de los bordes más claros de las nubes. Además todas las líneas se fugan del cuadro sin tener en cuenta la limitación lateral, por lo que el marco parece un corte arbitrario del encuadre.
El contenido simbólico sería que el monje imbuido en su pequeñez, medita sobre la inmensidad del Universo y la inmensidad e la ilimitación le dan conciencia de su impotencia terrenal. El gesto con que apoya su cabeza en las manos señala postración y humildad. Se representó a sí mismo en la figura del monje, convirtiendo así la obra de arte en una confesión de sus conceptos del arte y de la vida. Arte y vida forman un todo, cumpliendo así una de las exigencias del romanticismo. No creó esta obra de una sola vez, sino que la modificó profundamente cuatro veces y la presentó en 
Paisaje de montaña con arco iris (1810).
En 1810 Friedrich vuelve a representarse de nuevo en el cuadro “Paisaje de montaña con arco iris”, curiosa pintura que no tiene en cuenta la realidad de
Entre los años 1806-1815 defiende expresamente lo alemán y se relaciona intensamente con los fanáticos de
El pintor realizó cuadros conmemorativos y de llamamiento a la lucha contra los franceses, como “El sepulcro de los antiguos héroes” y otros como “El cazador en el bosque” de 1814, en los que interpreta los sucesos del año 1813, cuando a raíz de la batalla de Leipzig se inicia la decadencia de Napoleón. Así, el soldado francés marcha solitario al encuentro de su destino, ya que el bosque de abetos alemán lo engullirá y hasta sus huellas desaparecerán en la nieve, porque la primavera de la libertad está soplando, como parece adivinar el cuervo que está posado en el tocón de un árbol. La estructura del cuadro muestra un abismo que se abre y que no permite al cazador otra salida, dando la sensación de que tras el paso del cazador, el cuadro se cerrará como si se tratase de una trampa.

El Trotamundos sobre el Mar de
Neblinas (1818).

Rocas cretáceas en Rúgen (1818).
En el año 1818 había realizado un viaje a su Pomerania natal, visitando Rügen, que le inspira para pintar más tarde el cuadro “Rocas cretáceas en Rügen”. Es un cuadro que presenta un paisaje rocoso agrietado a través del que vemos el mar. La estratificación espacial es complicada. Hay dos espacios representados de forma muy marcada, en el primer plano, las rocas y, tras ellas, el mar, resultando el primero muy estrecho, lleno de hierba, con un árbol a la izquierda y otro a la derecha, enmarcando el fondo de tal manera que parece ser la vista desde una ventana. El corte de esta plataforma conduce la vista hacia el profundo fondo, desde el que se elevan las rocas desnudas, ensanchándose a derecha e izquierda, dando la impresión de continuar más allá de los límites del cuadro. Detrás de este abismo rocoso se rompe la estructura de la composición, con la extensión del mar hasta el horizonte, que queda muy alto, formando una superficie sin límites sobre la que flotan dos barcos.
Hombre y mujer contemplando la luna
(1819).
En “Dos hombres contemplando la luna” de 1819, representa a dos hombres, uno más viejo a la derecha, vestido con el traje alemán y otro más joven a la izquierda, vestido a la moda que miran devotamente hacia el fondo del cuadro donde se alza la luna en cuarto creciente. El más viejo (acaso el propio Friedrich) parece iniciar al más joven (tal vez su discípulo August Heinrich) que se apoya en su hombro, en la contemplación de la luna como señal de esperanza. Los hombres se sitúan en el límite de un paisaje bajo los pinos siempre verdes, símbolo de firmeza y de la libertad. El roble seco de la derecha arrancado de raíz y a punto de derrumbarse, simboliza la situación de Alemania en la época de

El árbol con cuervos (1822).

Mujer en la ventana (1822).
Cuatro años después de su matrimonio, en A través de la ventana vemos la línea de álamos que tiene que estar en la otra orilla del río, como así lo indica la estrecha franja azul y los dos mástiles que se vislumbran, ya que uno de ellos está próximo, como puede verse en la parte superior de la ventana, donde sobresale expresamente y el segundo tiene que pertenecer a un barco anclado detrás del primero, ya que vemos su mástil y cordaje por detrás de éste. Mástiles y ventana dibujan y conforman un auténtico sistema de verticales y horizontales que configuran rectángulos y triángulos. Así, después de analizar toda esta composición geométrica, vemos que lo único vivo del cuadro es la mujer, que aunque con un contorno tranquilo, casi simétrico, resulta rico y movido en comparación con el estatismo compositivo casi simétrico, resulta rico y movido en comparación con el estatismo compositivo.

Océano Glacial (1824).
En 1824 expuso su cuadro “Océano Glacial” no fue comprendido por la crítica de su tiempo que se refiere al mismo de la siguiente manera un barco naufragado bajo masas de hielo amontonadas. Ésas están en primer plano y solo acá y allá se ve algún resto del naufragio, cuyas dimensiones se señalan por el iceberg. Del mismo modo que no nos gusta la muerte como objeto del arte pictórico, tampoco quisiéramos recomendar a un pintor una visión de
